El
giro lingüístico está caracterizado por un cambio de problemáticas en la
discusión filosófica que se ha desplazado de la conciencia al ser, la
existencia y el lenguaje ordinario. El giro pragmático, por
el vuelco de la problemática del lenguaje ordinario hacia la comunicación
entendida como base de una relación entre la ética y la política, y por último
el fracaso positivista generado por la dispersión de las Ciencias
Sociales y su incapacidad para deshacerse del lenguaje de los legos.
El cambio de paradigma posibilitado por estos acontecimientos discursivos ha
sido ejecutado en un contexto teórico de acercamiento creciente entre
corrientes filosóficas y sociológicas y compuesto además, por una creciente
proliferación de teorías, quizá un poco dispersas, que desarrollan sus
argumentos en los límites administrativos de ambos conjuntos disciplinarios.
Esta situación, lejos de ser
interpretada como una debilidad, debería ser entendida como un signo de la
fortaleza de éstas.
Vivimos una época en la cual la ciencia y la
tecnología ocupan un lugar fundamental en
el desarrollo de los pueblos y en la vida cotidiana de las personas.
Ámbitos tan cruciales de nuestra
existencia como el transporte, la democracia, las comunicaciones, la toma de
decisiones, la alimentación, la medicina, el entretenimiento, las artes e,
inclusive, la educación, entre muchos más, están signados por los avances
científicos y tecnológicos. En tal sentido, parece difícil que el ser humano
logre comprender el mundo y desenvolverse en él sin una formación científica
básica.
Formar hombres y mujeres que caminen de la mano de las
ciencias para ver y actuar en el mundo, para saberse parte de él, producto de
una historia que viene construyéndose hace millones de años con la conjugación
de fenómenos naturales, individuales y sociales, para entender que en el
planeta convivimos seres muy diversos y que, precisamente en esa diversidad,
está la posibilidad de enriquecernos.
Aunque es difícil lograr un consenso sobre el objeto
de estudio de las ciencias sociales dado su carácter abierto, histórico y
cultural, nos aventuramos a afirmar que su objeto es la reflexión sobre la
sociedad. Se trata de una reflexión que no se queda en la interpretación y
comprensión de los hechos sociales y que, a través del estudio e indagación
sistemática, busca proveer conocimientos sobre lo social que orienten la
búsqueda del bienestar de la humanidad y la convivencia pacífica de los
distintos integrantes.
Ahora bien, no basta ofrecer a los estudiantes las
herramientas conceptuales y metodológicas propias de las ciencias sociales.
Ellas son importantes en tanto fundamentan la búsqueda de alternativas a los
problemas sociales que limitan la dignidad humana, para lo cual es importante
forjar en niños, niñas y jóvenes posturas críticas y éticas frente a
situaciones de injusticia social como la pobreza, el irrespeto a los derechos
humanos, la contaminación, la exclusión social, el abuso del poder.
Porque los conocimientos de la sociedad cobran sentido
cuando se utilizan en la resolución de problemas en la vida cotidiana, puede
afirmarse que la formación en ciencias sociales siempre está ligada con la
acción ciudadana.

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